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miércoles, 9 de marzo de 2011

COSAS QUE SE MUEVEN


Por: ERIC GARCIA  

geric_2005@yahoo.es
OCUMARE DEL TUY - MIRANDA
¡Que susto¡  Las noches anteriores  a la noche del gran susto fueron bastantes raras.  Se sentían ruidos extraños.  Al principio sólo decía sentirlos, Mariana mi hija menor. Una noche de esas,  como a la  una y pico sentí una hediondez similar a  carne descompuesta, enseguida  encendí la luz, no vi nada; mientras se disipaba aquel olor escuche que Mariana  me llamaba desde el cuarto contiguo, decía que me diera prisa. Al acercarme vi al aro que guindaba  de la pared, los mismos  que usan las bailarinas  balancearse inexplicablemente. Le  pedí que nos acompañara en la cama principal. Traté de explicarme  aquello, racionalicé  varios argumentos sin convencerme.
Siguiendo prácticas  familiares ante tales circunstancias  en las noches siguientes me arme con un Crucifijo y una taza llena con  Agua Bendita para defenderme ante hipotéticos fantasmas. Se calmaron por varias noches. Hasta que un jalón en el pie derecho me hizo interrumpir  un  sabroso sueño, seguido de unos  golpecitos sobre la mesita de noche de mi esposa.  Reaccioné rápidamente.  Guiado como por instinto, me valgo de  una expresión propia de mi mamá cuando percibía cosas raras. –“Tusa, Tusa” (aun no se su significado)  después proferí  maldiciones y cualquier cantidad de groserías.
En los apartamentos de las ciudades dormitorio es fácil deducir la llegada  del amanecer ya que los olores a comida, gasolina quemada, o el sonido de motores de vehículos  encendidos de la gente que  trabaja en Caracas  lo anuncian. Aproximadamente  a las 5 am, siento que  la cama se  movía,  el ventilador se tambaleaba  además de un ruido de hierros que se retorcían se confundían en mi habitación. Creyendo que se trataba de un fantasma trate de ahuyentarlo por medio de  insultos  “Tusa, Tusa vayan  a echarle bromas a su madre”. Cuando Mariana desde su cama me grita,   “Papá, papá eso no es un fantasma es un temblor”. Qué susto,  no por el fantasma sino por la fuerza de  un temblor.



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