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domingo, 12 de junio de 2011

El día que me fusilaron

Por: Juan Rodriguez 
triplejuan@gmail.com
Porlamar, Venezuela


El fusilado es un juego que consiste en dibujar en el piso con una tiza, una tabla de cuatro filas y tantas columnas como jugadores participan en el mismo, en la que se anota, en cada casilla de la fila de encabezados, el nombre de cada integrante, dejándose las tres filas restantes para marcar una equis debajo del nombre del perdedor, cada vez que éste lo hace. 
Cuando viene el turno de cada participante, éste lanza una laja hacia la tabla desde un lugar marcado por una raya. La persona en cuya columna cae la laja, debe tomar una pelota de goma que se coloca en un semicírculo dibujado encima de la tabla, mientras los demás corren hacia un objeto prefijado, tocarlo y regresar a la tabla para ser librados. 
El de la pelota, debe buscar pegarle con ella a cualquiera de los otros jugadores y así librarse, teniendo este último que hacer lo propio. 
Al pasar la tabla, la cual hace también las veces de guarimba, se está librado y, al que se quede con la pelota, le es marcada una equis en su correspondiente casilla. 
Cuando alguien es marcado tres veces, pierde, entonces es llevado ante una pared de fusilamiento y, desde un sitio pre escogido, cada uno de los jugadores le lanza la pelota con mucha fuerza hasta pegarle tres veces. 
Pero hay que tener muy buena puntería, pues el que falla un lanzamiento, le toca ser el Fusilado, comenzando nuevamente por el primero de la tabla. La sanción termina al terminar de lanzar el último de la tabla.
En este sentido, recuerdo haber participado por última vez en uno de estos juegos por el año 65  y, al haber perdido, cuando se me estaba fusilando, mi hermano menor, en veloz carrera llegó hasta la casa que quedaba muy cerca de allí  y, cuenta mi madre, que al alcanzar éste la casa, muy sudado, con llanto copioso y voz entrecortada, relató que a mí me estaban fusilando, por lo que mi madre, toda angustiada, salió espantada hacia el sitio indicado y, al llegar al mismo, por ser pocos los jugadores, ya estaba yo fusilado, aclarándose de inmediato el malentendido, dejándonos a todos impresionados y haciéndonos desternillar de risas

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