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jueves, 23 de junio de 2011

ROSAS



Por: Dayan Carolina Rosales Adames
yavanna20@gmail.com
Caracas, Venezuela.


Había una vez una casa grande y hermosa  ubicada en San Bernardino, Caracas. Las paredes eran de color beige y las rejas de las ventanas eran negras. El techo de la casa era de tejo color rojo y la cerca que la rodeaba era negra y muy bella pues tenía formas de flores.
 Pero la casa no era lo único hermoso, pues estaba rodeada de un jardín  inmenso y lindo  lleno de flores. Las había rojas, blancas, moradas, rosadas y amarillas. Incluso detrás de la casa había flores: Lirios, orquídeas, aves del paraíso, riquirriquis, girasoles y muchas otras que hacían a la casa la más hermosa de todas las de la cuadra.

Las personas que pasaban frente a ella se detenían para observarla y se maravillaban con los colores de las flores y el esplendor que lucía la casa.

A pesar de la belleza de la edificación, lo que más atraía era el jardín lleno de los alegres colores de todas las flores que brindaban su dulce aroma a quienes que pasaban frente a la casa.

Los dueños amaban su jardín pues había sido  plantado por sus ancestros y, de generación en generación,  no había dejado de florecer. Incluso en Diciembre se vestía de  flores navideñas. Este jardín era el orgullo de todos los que vivían tanto en la gran casa como en  sus alrededores.

Por su parte, las flores se sentían felices y halagadas de ser admiradas por todos los que pasaban. Era tanta la felicidad que todas las noches hacían una fiesta y se reunían con las flores que se encontraban tras la casa pues ellas no tenían el privilegio de ser admiradas y lisonjeadas por los transeuntes.

Los girasoles con humildad decían a las flores del jardín de atrás lo hermosas que eran.
-  Todo lo que las personas nos dicen al pasar, también se lo dicen a ustedes. – decían para animarlas.

Los lirios eran amables y decían que aunque no estuvieran frente a la casa, todas las flores eran hermosas. Ellas y todas las flores de San Bernardino.

-  Nos quieren a todas. A las personas les gustan las flores, incluso los claveles que siempre son alocados.

Las aves del paraíso eran presumidas y muy arrogantes, ellas decían que eran las flores más hermosas de todo el jardín y era por eso que estaban frente a la casa, para que todos las admiraran.

-  Las flores del jardín de atrás son muy feas y es por eso que nadie las ve. – Decían. – La gran casa debe verse muy bonita y es por eso que nosotras estamos adelante.

Una tarde, el dueño de la casa llegó con cuatro flamantes rosales. Estaban repletos de hermosas rosas. Había rosas blancas, rosadas y amarillas, pero las más hermosas eran las rosas rojas.

Las flores las admiraron tan sólo llegar y una vez que fueron plantadas, todo aquel que pasaba frente a la casa no podía dejar de deleitarse con su belleza. Muchas de las flores sentían envidia, en especial de las rosas rojas.

Una tarde, una niña de la gran casa se acercó a las rosas y quiso tomar una, pero se lastimó la mano porque tenían muchas espinas en su tallo. La niña se fue corriendo a la casa llorando apenas sintió el pinchazo de las espinas. Entonces las aves del paraíso rieron.

-  Las rosas no son hermosas, son malas y crueles y eso las hace feas. – dijo una de ellas. – las rosas sólo podrán ser admiradas pues no tendrán el privilegio de que alguien las toque.

Todas las flores rieron pero las rosas no se sintieron tristes sino que sonrieron y las otras  no comprendieron el por qué.

Las únicas flores que no rieron fueron los lirios pues ellas si veían la hermosura de las rosas. No sentían envidia por ello  aceptaron con naturalidad que las rosas eran las más hermosas y las más admiradas de todo el jardín. Pero también  sentían curiosidad, entonces uno de los lirios preguntó.

-  ¿Por qué sonríen y son felices si todas las flores se ríen de ustedes?
Una de las rosas respondió

-  Porque aunque todas las flores piensen que somos feas por nuestras espinas, nosotras sabemos que somos hermosas.

- ¿Por qué tienen espinas? – preguntaron los girasoles, que tampoco pensaban que las rosas fueran feas pero sentían curiosidad. La rosa  miró a los girasoles sin dejar de sonreír y luego preguntó.

- ¿Has escuchado la historia de las rosas? – Y todas las flores negaron – Entonces se las contaré.

- ¿Pero que tiene que ver una historia con las espinas? – Preguntaron los girasoles.

- Ya lo verán. No sean impacientes.

Hace mucho tiempo, cuando las rosas aparecieron por primera vez, fueron las más hermosas flores. Eran tan hermosas que el hombre, cuando las vio por primera vez, las codició y comenzó a arrancarlas de la tierra, y poco a poco las fue alejando del suelo, de su hogar.

¿Saben  por qué se marchitan las rosas después de cortarlas?

Las otras  flores negaron. Escuchaban atentas la historia de la rosa, incluso las aves del paraíso quienes se mostraban altivas y presumidas.

-  Por tristeza. Las rosas somos alegres y felices en la tierra, que es nuestro hogar. Pero nos entristecemos cuando nos alejan de ella, cuando somos cortadas. Entonces nos marchitamos y morimos.
 Todas sufrimos cuando nos alejan de la tierra y todas las que se quedan sienten la tristeza de aquellas que el hombre se lleva.
 Entonces, una de las rosas tuvo una idea y todas estuvieron de acuerdo. Aquella rosa había dicho con mucha resolución que todas deberíamos llevar espinas en nuestros tallos.

-  ¿Por qué? – Preguntaron los Lirios.

- Las llevaremos como símbolo de la tristeza que sintieron las rosas que fueron cortadas y alejadas de su hogar. También, para que el hombre al cortarnos sienta el mismo dolor que nosotras sentimos.
Todas las flores sienten tristeza cuando las arrancan de la tierra y es por eso que se marchitan. Todas las flores, al igual que las rosas, aman su hogar, que es la tierra y es por eso que mueren de tristeza cuando las cortan.
 Nosotras, las rosas, tenemos espinas, porque no queremos marchitarnos de tristeza. Es por eso que queremos ser admiradas pero sin que puedan tocarnos. Eso es lo que nos hace más hermosas que todas las demás flores.
 Ustedes no tienen espinas y es por eso que el ser humano puede arrancarlas del suelo sin hacerse daño, y sólo ustedes sienten dolor. Las flores que se encuentran detrás de la casa son las más hermosas y es por eso que están ahí, para que nadie más que los dueños puedan admirarlas y deleitarse de su aroma y su color.

-  Más hermosas que ustedes. – Dijeron los lirios.

- No. – Respondió la rosa. – Porque no tienen espinas y no pueden protegerse.

Entonces las flores comenzaron a llorar de miedo porque ellas tampoco tenían espinas y cualquiera podría cortarlas. De modo que las rosas y todas las flores se mezclaron para que las espinas de las rosas las protegieran a todas pues cualquier persona que quisiera cortar una flor sentiría  las espinas de las rosas  junto a ellas y experimentaría el dolor y la tristeza que las flores sienten.

Y fue así como la gran casa de San Bernardino se llenó de muchas más flores pues ya nadie podía cortarlas y todas vivieron juntas y felices.


SITIO WEB DE LA IMAGEN: http://www.milimagenes.com/foto/rosa-en-el-jardin/ 


COMENTARIOS A ESTA ENTRADA:
benantca producciones
Qué hermosa lecciòn de compañerismo y solidaridad¡¡ felicitaciones...por el primero de varios¡¡  25 junio 9:39 a.m.

1 comentario:

benantca producciones dijo...

Que hermosa lecciion de compañerismo y solidaridad¡¡ felicitaciones...por el primero de varios¡¡