PARA ALMAS SENSIBLES
"NADA HUMANO ME ES AJENO" Publio Terencio Africano (194 a.c.-159 a.c.)

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jueves, 6 de octubre de 2011

DISTANCIAS

Por: Marga Álvarez
Barcelona, España

Jaume me sobresaltó al servirme el primer café del día. Andaba perdida en mis pensamientos con la mirada fija en un punto pero sin ver nada.
     -Sigue llorando – me dijo señalando con la cabeza la mesa a la que creía que yo observaba. 
  - Pobre, lleva ya casi una hora llorando, Doña Mireia, y no para de mirar el reloj. Yo creo que lo va a desgastar. Me acerco a cada poco pa limpiar la mesa y me mira con una cara de gato abandonado que… 
     - Jaume, cuántas veces te tengo que decir que no me llames Doña. Mirando, ahora sí, a la pobre infeliz le pregunté a Jaume si la conocía porque, a pesar de mi despiste crónico, soy muy observadora y no la recordaba. -
     -Que va Doña Mireia, viene alguna vez pero siempre acompañada. Hoy está sola, pero que mu sola. ¿Por qué no se acerca usté y le ayuda? A usté se le dan bien esas cosas.
Jaume es un tipo amable, camarero de toda la vida, de los de antes. Muy profesional y muy cotilla también. No, no soy justa. No es cotilla es que se preocupa realmente por las personas con las que interactúa, es casi como un confesor para su pequeña parroquia.

Si hay algún lugar en el que el tiempo deja de ser tiempo es en la terraza de un café. Me gusta sentarme en un velador – que palabra más hermosa – y observar las miserias y grandezas de autóctonos y foráneos de una ciudad como Barcelona. Un café corto con leche, espuma y espolvoreado de cacao, una libreta y mi cámara se convirtieron hace años en compañeros de mil horas sin minutos, en testigos no mudos de mis soledades y de las de muchos como yo. Observar se convierte en una buena terapia que ayuda a poner en el lugar que le corresponde a tus propias vicisitudes.
Creo que salvo Jaume nadie repara en esta vieja loca que se sienta en la mesa más retirada de la terraza. Me he convertido en un adorno más de la preciosa cafetería modernista que palpita todavía en un pequeño pasaje peatonal en pleno ensanche barcelonés. Es una isla de paz en medio de la vorágine de la ciudad Condal. Mesas de mármol y hierro forjado, vidrieras en las puertas, madera tallada con mariposas, hojas y flores, lámparas art-decó… una belleza que hace que te sientas en un espacio sin tiempo. Siete veladores dispuestos en forma de flecha son todo un mundo en el que se viven encuentros secretos, horas de lectura sin prisa, partidas de ajedrez interminables, charlas de vecinos, reuniones de trabajo de estudiantes, desayunos de secretarias y hasta es espacio para una pequeña congregación espirita.
- Doña Mireia, perdone si la molesto que ya sé que no porque en el fondo usté tiene un corazón mu grande y yo se que…. -
     - Está bien Jaume, iré a hablar con ella. Prefería la incomodidad del acercamiento y de la intromisión en la vida de esa desconocida que el parloteo incesante de Jaume. Cogí mi cámara y con la excusa tonta de hacer fotos desde el perfil de su mesa me acerqué a ella. Me presenté y con el desparpajo que solo se les perdona a las personas de edad me invité a sentarme a su lado. Ella me miró dibujando una media sonrisa en su cara y me perdí en la tristeza de esos ojos. Jaume tenía razón, aquella mujer, Julia se llamaba, penaba por algo que le estaba ahogando el alma. No me costó mucho esfuerzo entrar en su historia, ella necesitaba desahogarse y sin pudor explicó que se encontraba en medio de una relación que era su razón de vivir y el motivo de su lenta muerte.
Me contó que había llegado al café porque recorría cada paso que había dado con él, porque aquí había vivido momentos maravillosos y aun le parecía que en cualquier momento doblaría la esquina y aparecería, como siempre, a las 4 en punto. No pude evitar acordame de la Penélope de Serrat y atrapada en ese sentimiento pensé que debía hacer algo por ella. Pero, ¿qué podía hacer salvo escuchar?
 Son más de las siete, le dije, es posible que no venga. No vendrá, me contó entre lágrimas, lo he perdido, esta vez es para siempre. Alargó su mano hacia mí y me entregó una cuartilla arrugada: -
     -Lo encontré en el buzón esta mañana. Se lo escribí yo no hace mucho y me lo ha devuelto sin una explicación sin una nota. Le he llamado mil veces pero no atiende el teléfono y no puedo ir a su casa. Está casado, atrapado en un matrimonio que lo asfixia pero del que no puede deshacerse. Espero y espero pero no ha servido de nada la paciencia y el amor…
Desplegué la cuartilla y leí:
Huelo el miedo cuando me hablas. También usa mi boca para hablarte a ti y estoy cansada de sentir miedo, de que mis palabras te alejen más y más. ¿Qué quieres de mí? Soy yo, sigo aquí, siempre estoy aquí. La marea que te trajo de vuelta en tu última huida me devolvió un desconocido. Envuelto en mil ropajes te escondes y solo dejas ver lo que ni te roza la piel. No quieres mis caricias, huyes de mis labios y sin embargo buscas mi cobijo como perro apaleado. Me miras sin querer verme pero no puedes olvidar los únicos ojos que saben leer tu alma.
Tengo la certeza de que habiendo recorrido ese camino una y mil veces, el sendero empieza a tener más piedras que verdín, más zarzas que flores y las fuerzas empiezan a menguar al mismo ritmo que desaparece la ilusión y se desvanecen los sueños.
Pero sigo aquí, llenando tus tiempos siempre escasos y clandestinos y dándole forma sin querer a la idea que de mí quieres guardar. Me mata el hielo de tus palabras, la distancia no se mide en metros entre tú y yo. Se mide en dulzuras perdidas, en abrazos rotos, en besos muertos antes de ser labiados. Se mide en sentimientos que se esconden y en palabras dichas que no son nada. Se mide cuando mides el tono, las pausas, las miradas. Ahora hay todo un océano entre nosotros, ni siquiera puedo alcanzarte.
Mírame soy yo, sigo aquí. Soy como el aire que llena tus pulmones y que no ves. Tan real como la tierra que pisas o la sangre que late en ti.
Tal vez busco a gritos, te reclamo el amor que nunca existió aunque tu piel dijera lo contrario y tus labios matasen de deseo mi cuerpo y el tuyo vibrara con mis caricias.
Nunca me he sentido más sola que cuando me ha cruzado el pensamiento de que no te he perdido si no de que jamás te he tenido.
Y vuelves a picar a mi puerta y te abro de nuevo y te envuelvo en mil caricias nuevas solo para ti.

Leí aquella nota y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Sentí que el receptor de aquella carta estaba allí, con nosotras y que le acariciaba el pelo y le besaba la mejilla. Sentí que su corazón ya no latía y que ahora sí la distancia era insalvable…


Para leer más escritos de Marga Álvarez, click en:
http://escritoresdelmundo.ning.com/profiles/blog/list?user=1cuumcx8sutvz


Sitio web de la imagen: http://www.verema.com/restaurantes/58826-cafe-chapultepec-barcelona

COMENTARIOS A ESTA ENTRADA:

 Marga dijo...
Mil gracias Teresa. 
Un abrazo gigante
6 de octubre de 2011 07:42  
RESPUESTA DE "PARA ALMAS SENSIBLES"

Siempre a la orden, Marga, gracias a tí por compartir tus bellos escritos 
con los lectores de "Para almas sensibles". 
Un abrazo fraterno.

2 comentarios:

Marga dijo...

Mil gracias Teresa.
Un abrazo gigante

María Teresa Fuenmayor T. dijo...

Siempre a la orden, Marga, gracias a tí por compartir tus bellos escritos con los lectores de este blog. Un abrazo fraterno.