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jueves, 22 de diciembre de 2011

DON SAPO Y LA NAVIDAD



 Por Rubèn Garcìa Garcìa
Poza Rica, México

En la noche, bajo la sombra del roble, platicaba Don Sapo con el Topo, su amigo de siempre. Este  traía lentes oscuros,  ya que había luna nueva.
―¿Ha escuchado hablar de Santa Claus?
―Para nada, sapo.
―¿Pero sí de la Navidad?
―Sí,  mamá platicaba que era el día en que había nacido Jesús. ¿Y quién es  Santa Claus?
―También le dicen Papá Noel, es un señor gordo, vestido de rojo que,  cada  veinticuatro de diciembre,  llega a las ciudades del mundo y obsequia a los niños  un regalo de Navidad.
―Pues por acá no viene. ¡Y  es que estamos tan lejos del mundo!
―Mire,  aquí tengo unos dibujos de Santa.
El topo quitándose los lentes oscuros, se fijo  en las fotos. Las  veía  y volvía a verlas.
―¡Pero es igualito a ti ¡ Si te ponemos el gorro, un vestido rojo, tus botas y te inflas,  serías el Santa Claus de la Selva.
―Qué cosas dices Topo.  Pero sería bondadoso que los pequeños  recibieran un regalo de Navidad.
―Verá que todo se puede.  El rey de los ratones nos dará toda la ayuda, si se lo pido ¿Quieres que los niños de la selva sean felices?
―¡Claro que sí!
―Entonces ¿Que te parece si por un día  te conviertes en papá Noel?
Don Sapo se quedó mudo y el topo dando una media vuelta  y levantando los brazos al cielo estrellado dijo:
―¡Dios nos ayudará!
La noche se hizo corta, pero armaron un plan y cada quien se fue por su lado hacer su tarea.
La noticia  corrió de boca en boca: Santa Claus  vendría a la selva y daría a los infantes animales que se hubiesen aplicado en sus quehaceres un regalo de Navidad,  para  festejar el nacimiento del niño Dios.
―¡Cómo se le ocurre señor sapo decir que  Santa Claus vendrá!.  Me dijeron que  informó a la comunidad que él llegará a repartir regalos entre los animalitos de la selva. ¡Eso no se hace!   No  de esperanzas.  Bien sabe que apenas  hay para comer. ―Dijo el señor Lechuza.
―No tenga desconfianza.  Ya verá usted que  si los niños hacen su carta bien clarita, sin faltas de ortografía,  y diciendo porqué son merecedores del regalo,  Santa Clos cumplirá.
― El regalo es un estímulo  para que los niños sigan haciendo bien sus quehaceres ―Dijo  el Topo.
El sapo se fue a ver al Rey de los ratones,  brincó  por los camalotes del río y  después de muchas  horas llegó  a la ciudad. Encontró al rey  en la biblioteca , que era su mansión.  Allí se enteró que Papá Noel iniciaba su recorrido desde el Polo Norte con un trineo lleno de juguetes, remolcado por venados alados.
―El festejo de la Navidad tiene que llegar a todos los rincones del mundo,  para celebrar el nacimiento del Niño Dios y es grato, señor Sapo que  la lleve al corazón de la selva. ―Decía el Rey.
― Aquí están las fotos de Papá  Noel. Con una batita roja, un bulto sobre sus lomos, Don Sapo  usted tiene mucho parecido con él. –dijo mamá ratona.
―¿Usted cree doña Ratita? -le dijo emocionado Don Sapo.
―Claro que sí, se imagina usted lo felices que serían los chiquillos del monte si  en la Navidad, encontraran en su casa un regalo.
―Pero… ¿Y los regalos?
―Eso es lo de menos,  aquí en la ciudad son tan desperdiciados,  que los niños caprichosos, tiran sus regalos y al rato piden otro nuevo y los papás con tal de que no los molesten,  vuelven a   comprarles más.  Aquí tengo franela roja. Ahora le confecciono su traje de Papá Noel.
―¿Y los regalos?
Mamá ratona chifló sacando la lengua y frunciendo los labios.  Siete ratones prestos llegaron
 ― Está noche  traigan juguetes, muchos juguetes.  Ordenen a sus familias que  cada ratón debe de traer dos.
Una miríada de ratones  trajeron de diferentes partes: muñecas, ositos, jirafas, carretas, trenes, planchas,  trasteros con sus vasijas, estufas con sus peroles.  Se juntó una  gran cantidad de juguetes,   gracias a los niños caprichosos y también a los padres complacientes. 
― ¿Y cómo podré llevarme tanto?
―Nuestras primas, las ratas de agua nos ayudarán.
La  Biblioteca se llenó de ratonas blancas,  orejas pequeñas y largas trenzas  que se encargaron de dejar como nuevos  los obsequios. La niña fea dejo de ser fea y la flauta se reconcilió con el viento. Los embolsaron  poniéndoles un moño rojo  con diferentes leyendas: Ayuda a tu mamá, no faltes a la escuela, estudia diario, respeta a las  niñas y ama a tus padres y hermanos. Feliz navidad. El niño Dios nació.
Cuando mamá ratona vistió de Santa Claus a Don sapo,  todos  exclamaron ¡Ohh!  y  fue entonces   recordó que  el señor Santa  se reconocía por su carcajada de JO JO JO.  Don Sapo empezó a practicarla pero no le salía convincente,   sin embargo,   en su  corazón retumbaba el    JO JO JO
Un camalote fue adaptado como balsa, pero era mucho mejor que ésta.   El camalote  está  reforzado con raíces trenzadas  por las ratas  de agua,  hay arbustos,  que dan calor o frescura y se confunden con otros camalotes.  Pero lo  esencial es que está protegido por la madre  tierra en contra de  los malos espíritus  que son  fluidos que se transforman en cualquier tipo de maldad. 
―Recuerde Don sapo que el mal tiene muchas caras: Una roca, un viento furibundo una neblina un grito desgarrador o quizá una voz melosa. Va protegido, pero eso no quiere decir que sea a prueba de todo. Abra los ojos, que desde este momento usted  pertenece a   la bondad.  Le acompañaran mis ratas de agua y mis amigas las nutrias que  impulsaran el camalote hasta la profundidad de la selva y otro viajero.
En el cielo había una luna veleidosa.  Por momentos parecía decir: véanme y en otros  tomaba las nubes y se envolvía.
En el primer tercio todo corrió como lo hace la música del agua. Luz de luna, gritos  en la lejanía, chicharras en coro. Poco antes de llegar a la mitad del trayecto,  la luna se cansó de su desnudez  y se envolvió. La noche se hizo densa,  La brisa dejo de serlo.  Ahora el viento corría frío y zarandeaba   los árboles.  El rostro de don sapo  empezó a preocuparse.  En la lejanía se oían los silbidos  y el agua  del rio se  encrespó. 
Los ojos de Don sapo no daban crédito cuando vio unos círculos de colores  rodando  de orilla a orilla. Se veían  hermosos, pero al  afinar la mirada le latió con fuerza el corazón: eran víboras   entrelazadas  que rodaban sobre el agua y  amenazaban con tomar su ínsula.  Las  ratas de agua  se formaron  en fila con  todos los sentidos exaltados. Los ojos  casi cerrados, porque podrían ser  fácilmente hipnotizadas.  Las nutrias  formaron  la primera defensa y  con sus colas golpeaban el agua.  El ruido intenso y las olas,   detuvieron  el avance, sin  embargo,   una de ellas logró  de un salto descomunal llegar hasta la isla con las fauces abiertas  para deglutir de un  solo tajo  el cuerpo obeso del batracio.    Sólo que en el último instante  el jaguar   de una tarascada  le arrancó la cabeza.
Regresó la calma, la luna  asomó nítida y dulce. Poco después,  una docena de nubes gordas  la  envolvió y la oscuridad  se hizo intensa.  Un silencio sospechoso  bostezaba.  Rompió el sonido del  rio: splash splash.  Golpes  en el agua,  tambores líquidos que anunciaban  otro suceso.
Las ratas de agua olfateaban,  divisaban el horizonte a ras del  agua,  al mismo tiempo  exclamaron: ¡lagartos! hay muchos lagartos que  están de ribera a ribera.  Las  nutrias dejaron de   avanzar. Ellos nadaban en fila y lentamente.  Iban hacia el camalote. La luna abrió un instante, pero  volvió a meterse, quedando en  la oscuridad  una fila de ojos  enormes por donde fluía un brillo verdoso y rojizo.  Los habitantes del camalote  se agruparon, al frente se plantó el jaguar.  Dos enormes piezas de artillería  se adelantaron dispuestos a  golpear  con sus macizas  colas   el camalote.  Derribados de la ínsula serían victimados con facilidad.
Escuchó la voz de don Lechuzo que les gritaba:
-Cierren los ojos, cierren los ojos.
Una masa de luciérnagas  voló sobre  los lagartos,  prendiendo y apagando su lucecita, lo que hizo que   miraran hacia arriba  y al hacerlo, llegaron   miríadas de  moscos  que se incrustaron en los párpados de los lagartos,  obligándolos a  hundirse en las aguas del río.
A don Sapo hubo que reacomodarle su gorro,  su bata roja, y sus botas,  le forjaron una canasta  sobre su lomo y mientras  los infantes dormían fue dejándoles  a los niños sus juguetes y a los padres  un  nacimiento para  venerar  la llegada del hijo de Dios.


Sólo don Lechuzo y el Topo supieron que Don Sapo había terminado. El JoJoJo cada vez se oía más lejos camino a los pantanos.


COMENTARIOS A ESTA ENTRADA

Mari muy agradecido de que hayas puesto mi versión de Navidad en la Selva, llevando como primer actor a Sapoclaus. Feliz navidad a tus lectores y a toda la gente que te rodea y que amas. Feliz navidad a ti, querida amiga 
Rubèn Garcìa Garcìa

Hola, amigo, el agradecimiento es mío por haberme permitido compartir con los lectores del blog tan bella historia. Espero poder continuar difundiendo tus valiosas letras por este medio. Gracias por tus buenos deseos. Que pases una bella Navidad en familia con mucho amor, salud, paz, armonía y alegría.
Un abrazo fraterno.
María Teresa Fuenmayor Tovar  


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2 comentarios:

senddero dijo...

Mari muy agradecido de que hayas puesto mi versión de navidad en la selva, llevando como primer actor a Sapoclaus. Feliz navidad a tus lectores y a toda la gente que te rodea y que amas. Feliz navidad a ti, querida amiga Rub

María Teresa Fuenmayor T. dijo...

Hola, amgio, el agradecimiento es mío por haberme permitido compartir con los lectores del blog tan bella historia. Espero poder continuar difundiendo tus valiosas letras por este medio. Gracias por tus buenos deseos. Que pases una bella Navidad en familia con mucho amor, salud, paz, armonía y alegría.
Un abrazo fraterno.