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viernes, 27 de enero de 2012

¿Que diria Alexander Graham Bell de esto?


Por: Marbella Garcìa Mèndez.
 Valencia - Estado Carabobo - Venezuela.
marbeg@cantv.net

                      Mi siempre recordado primo materno Ramón Nicolás, mejor conocido por todos nosotros como “NETE” –no sabemos de donde le provino el apodo- es un hombre de campo, que trabaja como albañil, además de ser el sepulturero del pueblo, donde habita. Desconozco la edad que tiene, pero debe rondar los 55 años; es alto, desgarbado, con la piel tostada por el sol  y con bigotes que imitan al señor “Cantinflas”.
                     Aunque siempre ha vivido en el campo, en algunas ocasiones ha de trasladarse a la ciudad a cumplir con algunas obligaciones de trabajo; uno de esos compromisos lo llevó a tener que utilizar por primera vez en su vida un teléfono – en contra de su voluntad – estamos hablando de los años ochenta cuando no era muy común el uso de los aparatos telefónicos.
                     Todos sabemos el miedo o temor que significa para cualquier persona enfrentarse por primera vez a lo desconocido y eso le sucedió a nuestro personaje; durante su estadía en casa de mi hermana Carmen Rosa, quien desconocía de su fobia. Solo que, tuvo él que atender una llamada telefónica, porque se trataba de un cliente y éste quería hablar directamente con el albañil, que no era otro que mi primo en cuestión. Ramón Nicolás escuchó el timbre del teléfono y parecía que estaba viendo a un muerto, porque comenzó a sudar, más aún cuando mi hermana le indicó que atendiera la llamada porque querían hablar con él.
                    - No, no. Carmen mejor que hablen contigo; atinó a responder sudoroso  Ramòn Nicolás.
                    - Venga  y agarre el teléfono, que es con usted, que quieren hablar. Deje el miedo hombre.            
                   - Alo, alo, si dígame; no oigo nada; balbuceaba mi primo, no tomando en cuenta que había tomado el auricular al revés, mientras del otro lado de la línea la persona se impacientaba, pensando que le estaban tomando el pelo.
                   -  ¡Hijo, que vas a oír, si tienes ese aparato al revés! Exclamó una sorprendida Carmen Rosa, al tiempo que le acomodaba el auricular.
                   Al día siguiente, hubo nuevamente de atender otra llamada al mismo señor, pero en ésta oportunidad aunque se acercó tímidamente al teléfono, ya no hubo necesidad de corregirlo. Solo que al colgar la bocina, esbozó una tímida sonrisa y con su característico hablar pausado, dirigiéndose a mi hermana le dijo:
                  - Viste Carmen Rosa, que ya estoy más sueltico…

Sitio web de la imagen: http://articulo.deremate.com.ar/MLA-132279380-telefono-decada-del-80-_JM

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